Tantísimas veces me he encontrado con la misma pregunta carente de contestación que he decidido responder con un breve texto sobre el porqué de mi pensamiento.
No puedo tirar la primera piedra ni exculparme de delito ya que durante poco más de un año (comenzando una alocada nochevieja hasta junio del siguiente año) yo también consumí.
Joder, dicho así parece que estoy tratando un tema de adicción, cuando realmente eran, a
grosso modo, dos noches al mes bebiendo alcohol. Lo más triste es que ni tan siquiera puedo contar con que el sabor me gustase.
Pero he de decir que no me arrepiento, ya que durante aquellas horas exhausta de toda realidad pasé muy buenos momentos. Por supuesto, siempre seguidos del sentimiento contrario.
Ahora, tengo otro punto de vista muy diferente, como si de mirar desde fuera hablásemos. He empezado a detestar ( y uso ese verbo por no tener que utilizar el término "odiar",sin significado alguno ) salir por las noches.
No sabría decir que me disgusta más; si el hecho de contemplar a mis amigos tan diferentes a la realidad o que ellos disfruten mientras yo observo. Cuando estoy sentada y veo como beben sin cansarse, sin control alguno, me pregunto a mi misma el porqué de mi negativa.
El estado de inhibición que produce es, joder, como decirlo, relajante?
Podría tomar copa tras copa hasta hartarme, corresponder a cada sonrisa y bailar. Bailar sin parar, cosa que sin haber bebido no conseguiría.
Pero, ¿cual es el premio a dicha satisfacción momentánea? El premio, señores, es dolor de cabeza, resaca, y por último pero no por ello menos importante,
la decadencia del ser.
Todo hombre cuenta con sentimientos naturales y racionales entre los que se encuentra el "ser uno mismo", como se denominaría actualmente a la lógica del comportamiento de una persona.
Entonces, me pregunto sin encontrar respuesta, ¿por qué cambiar esa manera del comportamiento natural?
El alcohol. El alcohol es la decadencia del ser más simple de conseguir. La droga más barata, servida con etiqueta y año de recolección.
Muchos pensarán que soy extremista o de mente muy cerrada, pero en mi cabeza no entra el porqué alguien desearía cambiarse durante unas horas por otra persona, sabiendo las consecuencias que ello conlleva.
Creador de peleas, de besos tan falsos como el poco deseo del que nacen, de la pequeña línea entre la sonrisa y el llanto.
Cuantas familias rotas e
ilusiones destrozadas, por culpa de lo que comienza siendo "un trago" y se convierte en "una botella".