Soñaba con que aparecieses. Yo saldría de mi casa y tú estarías en mi portal, esperándome, con una rosa en la mano y una gran sonrisa. Tu pelo, suave y brillante. Me cogerías de la mano, y tras un ligero beso en los labios me guiarías hasta tu casa.Yo iría flotando, me habría preparado durante horas y estaría preciosa. Mi corazón a la velocidad de la luz. Te colocarías detrás de mi, con un dulce abrazo, y me taparías los ojos. Subiríamos las escaleras despacio. Al descubrir la habitación, mi mirada se deslumbraría por la tenue luz de las velas. Mi olfato disfrutaría de todos y cada uno de los olores. Del incienso y el perfume. De tu cuerpo.
Nos besaríamos infinitamente, poco a poco nos quitaríamos la ropa.
Yo sería una princesa sonrojada y tu simplemente el chico perfecto que me haría vivir el placer. Por unos segundos, unos minutos, unas horas. Y después, yo me apoyaría en tu pecho, y lo apretaría un poquito más cuando tú me besases en el pelo.
Todo sería fantástico, genial, bonito , perfecto.
Haríamos el amor. Nada más.
Amor sin miedo al dolor.
En cambio, con los años no has sido perfecto, ni me has deseado infinitamente, ni me has llevado a las estrellas.
Tú, mi chico imaginado y transparente. Tú y el resto.
Hola, me gustas. Me pones. Te quiero follar.
Me empujas a la cama y me dices que me vas a hacer pasar el mejor rato de mi vida.
Lo dudo, pero no te lo digo.
Sin miramientos me quitas la ropa, incluso llegas a hacerme daño.
Me follas.
No me haces el amor.
Terminas. Te enciendes un cigarro y me ofreces otro. Gracias pero no quiero, claro que no.
Me levanto, me visto y me marcho.
Adiós, luego te llamo nena.
Ojalá no lo hagas, hijo de la gran puta.
Ojalá.