Empiezas a besarme el cuello, tan despacio como cualquier princesa desearía en su noche de bodas. Lento, delicado. Yo no dejaba de pensar en que aquello no terminase nunca. Y ¡vaya! me quitas la camiseta, no sin antes dedicarme un beso. Me observas, me contemplas. Creo que podrías romperme entera, quieres mi cuerpo y lo quieres YA.
Tu mano baja, a mi me entra la risa. Nos miramos, no necesitamos palabras para expresar tantos sentimientos. Me doy cuenta de que sigues lamiendo mi cuello, y bajas lentamente. Paras, me acaricias, Definitivamente, me quitas el sujetador. Tu lengua. Joder, qué lengua. Mientras tus dedos hacen maravillas, tu saliva me lleva al paraíso. Pero te digo que más fuerte. Te pido que lo hagas duro, que tires, que muerdas, que no pares hasta que duela.
Lo haces demasiado bien, me tiritan las piernas.
Joder. El precio de mantener una amistad es complicado si continuamos así, mi amor.