Él estaba apoyado en la pared, con la bandeja sobre las rodillas. Descorchó una botella y le tendió una copa. Ella dejo su cuaderno.
Brindaron.
-Por el futuro...
-No. De ninguna manera. Por el presente.- le corrigió ella.
Ay, ay, ay...
-El futuro..esto...lo..lo..
Ella lo miró a los ojos:
-A ver, tranquilízate, no iremos a enamorarnos, ¿no?
El fingió atragantarse.
(...)