He salido una noche más. Me aburro, solo escucho ruido y me quiero morir. Pero morir del asco.
Todos bailan, se mueven, se rozan. Intercambian fluidos.
La gente sonríe.
Me pregunto si no seré yo la rara. Me quiero ir a casa. Quiero meterme en la cama, y descansar.
Pero ocurre algo.
En medio de todo, de repente estamos solos. Yo y su mirada.
Nuestras almas han volado.Se han escapado de nuestros cuerpos, y creo que ahora hacen el amor justo encima de nosotros. Dura unos segundos.
Se hace simple pero a la vez eterno.
Es como... es como un orgasmo,
Y vuelve. El ruido, las personas, el rozamiento y los fluidos. Le pierdo de vista.
Camino rápido en su dirección, tratando de orientarme por mi recuerdo. Empujo, esquivo y por fin llego al lugar.
Pero... pero nada. Fracaso. Asco y miedo.
Ahora, ahora si que estoy sola. Sola en medio de un millón de gente.
Tengo ganas de llorar. De chillar. Tengo ganas de matar.
Hola, ¿nos conocemos?
De huir.
Perdona, ¿estás sola?
Tengo ganas de... De quedarme aquí, para siempre.
Con este olor.
Me doy la vuelta, le veo. Otra vez, otro orgasmo. Voy a terminar fina.
Te decía que me llamo...
Me da igual. Me pongo de puntillas y estiro mis pies cuanto puedo. De repente mi nariz está pegada a la suya. Nos miramos, esta vez mucho más cerca.
Empieza a besarme.
Pero no es un beso con rabia, ni dulzura ni odio ni pasión. Es un beso suave, simple. Instantáneo.
Pero yo quiero más.
Sigue, sigue besándome. Cada segundo que pasa lo hace con más fuerza. Creo que estamos solos. Si, debe ser eso. No escucho, ni siento ni veo a nadie más. Ni ruido, ni fluidos. Ni nada.
Parece que es el beso más largo del mundo. Me gusta, me encanta. Levanto mis brazos y rodeo su cuello. Él engancha mi cintura con sus manos.
Empiezo a excitarme por segundos.
El beso pasa a ser un mordisco, y el mordisco a su vez un cosquilleo en el cuello.
Pasan los segundos, los minutos, las horas.
No puedo pensar en nada, estoy colapsada. Entonces...
Entonces me imagino subiendo unas escaleras. Blancas, suaves. Son de nube. Y hay una puerta metálica, que se abre para mi. Me planteo una vez más si estoy en el cielo.
Su mano está dentro de mi pantalón, justo encima de mis braguitas. Apenas aprieta, está centrado en besarme mientras yo sigo colapsada.
Empiezo a cruzar la puerta metálica. Noto sus dedos. Se mueven. Suben, bajan. Entran y salen a placer. Cada vez más rápido. Pero yo... Yo simplemente no me doy cuenta.
Camino despacio sobre las nubes. Voy dando saltitos y sonriendo.
Reacciono. Estoy apoyada contra una pared. Él justo delante, me mira. Me entra un escalofrío al ver toda la gente que nos rodea y no presta atención a la escena.
Me está follando. Porque no, no me hace el amor ni se acuesta conmigo.
Me folla. Noto cada uno de sus movimientos. Fuertes, rudos. Me besa en el cuello mientras mis pies se levantan ligeramente del suelo, y le noto muy adentro.
Me gusta, me encanta.
Me tumbo, en medio de las nubes. Descanso y me acurruco. De repente, zás. Un cubo de agua helada me cae encima.
Vuelvo a la realidad. Precisamente frío no estaba el líquido, valga la redundancia.
Ahora me estoy alejando.
No pienso en nada, ni nadie. Ni repercusiones, ni dolor ni placer ni tan siquiera pienso en dónde voy.
Solo quiero repetirlo. Una, y mil veces más.
Aquí. Ahora.
Yo, mi, me. CONMIGO.