Estamos a principios de octubre y tengo frío de diciembre.
Y yo, que soy un poco sadomasoquista, me he puesto a mirar las fotos de este verano en la playa. Días de acostarse a las tantas y despertarse aún mas tarde, de carreras en la arena, de olvidar morderme las uñas.
Miradas de varios segundos sin prisa, con muchisisisimo cariño, creando momentos de esos que no deberían terminar jamás.
Y ahora, que tengo? Odio in crescendo.
Definitivamente, ya no creo en la amistad.
Y otro día más, amiguitos.
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