Y la veo, y me vuelvo loca. Cómo gira, con un movimiento que la más exitosa bailarina envidiaría. Es su manera de actuar, cuando sonríe creo que nada ni nadie la rodea. Un universo paralelo donde sólo estamos ella y yo. Y, por supuesto, las ganas de querernos.
Pero esta noche no.
Nos chocamos, vaya lo siento, no me había dado cuenta de que estabas ahí. Te conozco? Me suena tu cara.
Si, me conoces princesa, de tus sueños más lejanos.
Charlamos un rato, quiere que la acompañe fuera a fumar, pero sin darnos cuenta estamos paseando a solas por Madrid. Me habla de su vida mientras se consume su cigarro. Creo que se ha dado cuenta de que no puedo dejar de mirarla. No, no puedo más. Necesito tenerla, que sea solo mía. Y lo necesito ya.
Aún no me puedo creer que estemos abrazadas en su sillón. Entre mordisco y beso me dedica una preciosa sonrise, que hace brillar aún más sus ojos, como el cielo.
Estoy sentada, y ella está encima mio, con sus piernas tan abiertas no puedo desviar la vista. se quita la camiseta. Joder, esto es el paraíso. Quién me lo iba a decir a mi. Ha comenzado a besarme despacio mientras va bajando. me sonríe y se quita el pantalón, para quedarse únicamente con unas braguitas grises y una mirada que volvería loco a cualquier hombre. Decide que la mejor opción es quitarme lo poco que aún me queda con sus dientes. Ahora la que se vuelve loca soy yo. Es dulce, suave, casi mágica. Me hace volar. Mucho, muchísimo más alto que las nubes. Con sus pequeños dedos consigue llevarme al paraíso, que parece estar bañado en su saliva.
Repetimos la jugada, cambiamos de posición. Creo que ahora ella es la que vuela. Me dice una y mil veces que me quiere y que está viviendo un sueño. Repite una y otra vez mi nombre. Pero le he pedido que no diga mi nombre en alto, porque suena mejor susurrado.
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